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GUERRAS MUNDIALES

Franklin Roosevelt - Primera Guerra Mundial

Franklin Roosevelt nació en Nueva York, el 30 de enero de 1882, en una familia con gran tradición política y buena posición económica. Fue un político, diplomático y abogado, que alcanzó a ejercer como el trigésimo segundo presidente de Estados Unidos y ha sido el único en ganar cuatro elecciones presidenciales en esa nación.

Miembro del Partido Demócrata y de la Logia George Washington de masones, comenzó en la política desde muy joven, al ganar una curul en el Senado del Estado de Nueva York. Cuando Woodrow Wilson fue elegido Presidente en 1912, Roosevelt ocupó el cargo de Secretario Adjunto de la Marina. En 1914, se presentó a la elección demócrata para el Senado de los Estados Unidos, pero sufrió una dura derrota en las primarias (ganadas por James W. Gerard). Luego pasó a desempeñarse como Secretario de Marina.

Trabajó, entre 1913 y 1917, para expandir la Marina (a pesar de la oposición del Secretario de Estado William Jennings Bryan, entre otros), y fundó la Reserva de la Marina de los Estados Unidos (de este modo Estados Unidos tendría una reserva de hombres entrenados para ser movilizados en tiempos de guerra).

Según su propio testimonio, fue el responsable de redactar la Constitución de Haití de 1915. Dirigió las operaciones de Marina en América Central y el Caribe y las de la Primera Guerra Mundial. Cuando las fuerzas de Estados Unidos entraron en la Gran Guerra, en abril de 1917, Roosevelt  pasó a ser el más alto administrador de la Marina, ya que el Secretario del Ejército, Josephus Daniels, había sido elegido por razones políticas y realizaba solo funciones representativas.

Siempre demostró ser un amante del Ejército y tener una gran visión administrativa para negociar con los líderes congresistas y otros departamentos gubernamentales. De esta manera podría aprobar presupuestos y conseguir una rápida expansión del Ejército.

Coincidió por primera vez con Winston Churchill en 1918, cuando visitó Inglaterra y Francia para inspeccionar las instalaciones navales estadounidenses. Al terminar la guerra, en noviembre de 1918, se encargó de la desmovilización, pero oponiéndose por completo al desmantelamiento del Ejército.

Las siguientes son algunas de sus reflexiones relacionadas a la guerra:
La nación que destruye su tierra, se destruye a sí misma. Los bosques son los pulmones de nuestra tierra, purificar el aire fresco y dar fuerza a nuestro pueblo.
La primera verdad es que la libertad de una democracia no está a salvo si la gente tolera el crecimiento del poder en manos privadas hasta el punto de que se convierte en algo más fuerte que el propio estado democrático. Eso, en esencia, es el fascismo, la propiedad del estado por parte de un individuo, de un grupo, o de cualquier otro que controle el poder privado.
De lo único que debemos tener miedo es del propio miedo.