SER HUMANO

La ciencia del beso

El beso romántico, ese contacto extenso de las bocas compartiendo saliva, está tan arraigado en nuestra cultura que rara vez nos detenemos a pensar en su naturaleza. ¿Qué función tiene? ¿Por qué se encuentra placentero? ¿Cuándo y cómo nació como costumbre? Por lo pronto, puede saberse a ciencia cierta que no es una cuestión de higiene: un solo beso puede traspasar hasta 800 millones de bacterias de una persona a otra, con los riesgos que eso conlleva.

Tampoco es tan unánime su uso en el mundo: según un reciente estudio llevado a cabo en 168 culturas, sólo el 46% de las sociedades practica el beso en los labios como gesto romántico. Ni siquiera es una práctica tan antigua como podría pensarse: luego de analizar el comportamiento de sociedades cazadoras-recolectoras, los investigadores no hallaron evidencias de que sus miembros se besaran. La prueba más antigua de esta práctica se encontró en unos textos en sánscrito de más de 3.500 años, donde se describe al beso como la acción de inhalar el alma del otro.

¿Existen otros animales que se besen? Los chimpancés y los bonobos también lo hacen, aunque para los primeros se trata de una práctica no romántica: se utiliza para concluir peleas. El resto de animales no se besan. Se cree que la razón de que esta práctica sea casi exclusiva del humano tiene que ver con el olfato: los animales no necesitan acercarse (tanto) a una potencial pareja para saber si les conviene o no, porque su olfato es bueno. Una investigación publicada en 1995 concluía que las mujeres humanas prefieren el olor de los hombres que son genéticamente distintos a ellas, ya que al aparearse con una pareja con genes diferentes aumentan las posibilidades de tener una descendencia saludable. Para el investigador Rafael Wlodarski, esto implicaría que el beso es un acto, culturalmente aceptado, derivado de la necesidad de acercarse lo suficiente para "olfatear" los genes de una potencial pareja.

 

 


FUENTE: BBC Mundo

Imagen: Shutterstock