Frankenstein

El Frankestein del siglo 21 ya es una realidad

Es el Frankenstein del siglo XXI. Como si se tratara de una “persona sin cuerpo” que fue recibiendo órganos artificiales capaces de funcionar en un cuerpo humano, este robot ha completado un organismo casi completo; al verlo sobre la mesa de operaciones, sus creadores decidieron abandonar su nombre inicial (Rex, por “robotic exoeskeleton”) y rebautizarlo simplemente Frank, en honor a la terrorífica y premonitoria ficción de Mary Shelley.

Ahora Frank es un testimonio de la cantidad de partes del cuerpo humano que pueden ser reemplazadas por implantes o prótesis biónicas; hijo de la globalización, sus partes provienen de todos los puntos cardinales: en Gran Bretaña, Nueva Zelanda, California o Alemania, por ejemplo, se han desarrollado sus piernas, brazos, tráquea, riñones o su corazón que bombea sangre artificial. Al contrario que su predecesor novelesco, el monstruo creado por el melancólico Dr. Frankenstein, Frank no debería despertar horror sino por el contrario, esperanza. Es por esto que su creación ha sido retratada en un documental llamado “Como construir un hombre biónico”, dirigido por el psicólogo social Bertolt Mayer, cuyo rostro es el que lleva actualmente Frank. Como se ha dicho, el hombre biónico todavía no está completo: le faltan nada menos que un aparato digestivo, y un cerebro; y, por lo tanto, la conexión de cada una de sus partes con esa central de operaciones. Más allá del buen síntoma que significa la posibilidad de crear un cuerpo casi entero de manera artificial, para la ciencia médica, Frank vuelve a presentar todos los debates sobre transhumanismo que se harán más profundos y urgentes a medida que avancen los desarrollos tecnológicos ¿Cómo cambiará la especie humana cuando algunas personas puedan decidir “mejorarse” cambiando sus órganos naturales por otros artificiales más eficaces?

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