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GUERRAS MUNDIALES

Reinhard Scheer

Reinhard Scheer, también conocido como el "Hombre de la Máscara de Hierro" debido a su estricta disciplina, fue el almirante al mando de la flota alemana durante la batalla de Jutlandia, uno de los combates más importantes dentro de la historia naval.
Reinhard Scheer nació el 30 de septiembre de 1863 en Oberkirchen, Alemania. A los 16 años ingresó a la Marina Alemana, convirtiéndose en 1905 en capitán de navío. A partir de esa fecha inició una radiante y meteórica carrera militar. Primero fue nombrado jefe del Estado Mayor de la Flota de Alta Mar alemana en 1910, bajo las órdenes de Henning von Holtzendorff; luego comandante de un escuadrón de acorazados, en 1913. Así fue escalando posiciones, hasta que, en 1918, fue nombrado jefe del Estado Mayor de la marina alemana, como sucesor de Henning von Holtzendorff. 
Antes de comenzar la Primera Guerra Mundial, Reinhard Scheer defendió el uso de los submarinos como arma bélica fundamental para neutralizar la hegemonía británica en alta mar. Al estallar la Gran Guerra, Scheer siguió con su plan y ordenó numerosos ataques submarinos contra las costas británicas. A su vez, usaba fuerzas terrestres, pero éstas eran solo un medio de distracción. Con esta táctica consiguió numerosas victorias sobre el enemigo, aunque siempre intentó evitar un enfrentamiento directo con la Royal Navy, ya que era consciente de su inferioridad sobre la marina británica. 
Sin embargo, el 30 de mayo de 1916 se libró la famosa batalla naval de Jutlandia. Scheer estuvo al mando de la escuadra alemana, conformada por un total de 99 navíos, mientras que la flota británica, liderada por John Jellicoe, contaba con 151 barcos. En la batalla, los británicos duplicaron en pérdidas, tanto materiales como humanas, a los alemanes. De todas formas, dada la gigantesca superioridad de la flota inglesa, las pérdidas y averías de sus buques fueron mucho menos comparadas con lo sufrido por la flota germana. A tal punto fue esto así que, tras aquella batalla, la marina alemana no volvió a combatir en el resto de la guerra. Igual se debe destacar la genialidad táctica de Scheer durante el combate, ya que, con una escuadra mucho inferior, no solo consiguió dañar severamente a la Royal Navy, sino que a su vez evitó con éxito la destrucción de su propia flota. El káiser Guillermo II de Alemania le ofreció el título de caballero por su actuación en combate, pero, debido a la derrota, Scheer lo rechazó.
Scheer se retiró en 1918, tras el motín de Kiel, que derivó luego en la revolución alemana. En 1928 aceptó la invitación de su antiguo rival en Jutlandia, el almirante J. Jellicoe, para visitarlo en Inglaterra. Lamentablemente Scheer no pudo cumplir con dicha cita ya que murió mientras se disponía a emprender el viaje. Su cuerpo se encuentra sepultado en Weimar.