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GUERRAS MUNDIALES

Adolf Hitler - Primera Guerra Mundial

Nacido el 20 de abril de 1889 en Braunau am Inn, una pequeña ciudad fronteriza austríaca, situada a 60 km al norte de Salzburgo en el estado de Alta Austria, fue atraído por la fuerza y el poder del Imperio Alemán que, a diferencia del Imperio Austrohúngaro, estaba en pleno crecimiento.

 

 

Hitler se trasladó a Múnich en 1913, de este modo evitó el servicio militar en su país (no deseaba servir junto a eslavos y judíos). Luego declararía que abandonó Austria porque la mezcla de razas en Viena es repugnante. En 1914, las autoridades austríacas lo encontraron y le exigieron que regresase a Austria para realizarse el examen médico. Hitler viajó entonces a Salzburgo, donde fue examinado el 5 de febrero (en esa ocasión fue declarado “no apto” para prestar servicio militar). El 28 de julio de 1914 comenzó la Primera Guerra Mundial; una semana después Hitler se presentó como voluntario en el ejército alemán, siendo asignado a un regimiento bávaro.

 

 

Con sólo tres meses de entrenamiento, Hitler fue enviado al frente occidental. Sirvió en Francia y Bélgica como mensajero de la Primera Compañía del 16° Regimiento de Infantería Bávaro de Reserva, participando así en la línea de fuego enemiga. Estuvo presente en la Primera batalla de Ypres, donde su unidad fue diezmada en cuatro días. Al finalizar la batalla, de los 3500 soldados iniciales, solamente 600 podían seguir en combate.

 

 

En octubre de 1916, en el norte de Francia, fue herido en su cuerpo, regresando al frente en marzo de 1917, ascendido al rango de cabo. Hitler no fue ascendido más allá de este grado porque consideraron que le faltaba liderazgo. Fue condecorado dos veces  (recibió la Cruz de Hierro de Segunda clase, en 1914 y la Cruz de Hierro de Primera clase, en  1918).

Fue considerado  un buen soldado, aunque no era querido entre sus compañeros por su actitud sumisa hacia los superiores. Respetar al superior, no contradecir a nadie y obedecer a ciegas, dijo, mientras era enjuiciado en 1923. Nunca pidió un permiso para abandonar el frente (aunque pudo salir a un hospital en Berlín cuando estuvo recuperándose de la herida en su pierna). Según Hitler, Alemania perdería la guerra por causa de los judíos y los marxistas, a quienes acusó de robar a la nación y no prestar servicio militar.

El 13 de octubre de 1918, poco antes del final de guerra, Hitler quedó atrapado en un ataque de gas venenoso británico, cerca de Ypres. Luego de quedar temporalmente ciego por causa de los gases tóxicos (según el investigador Bernhard Horstmann, su ceguera temporal pudo haber sido resultado de una reacción histérica a la derrota alemana), debió quedarse un tiempo en un hospital de campaña. Cuando fue informado de que la monarquía había sido depuesta y se firmaría un armisticio (dando por perdida la guerra), declaró que todo se hizo negro de nuevo ante mis ojos.

Regresó a Múnich en 1919; poco después de su llegada el gobierno soviético de ese estado fue derrocado por el Ejército alemán y grupos paramilitares conservadores. Hitler recibió entonces su primer trabajo político: investigar a los miembros de su unidad que habían colaborado con el gobierno soviético. Hitler se afilió al Partido Obrero Alemán, precursor del partido nazi, en 1919 y se erigió como su líder, en 1921.