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EMBAJADORES DE LA MAFIA

Virginia Hill

El cónclave de la Mafia en Cuba en 1946 cambió la vida de Virginia Hill para siempre. En una fiesta lujosa animada por estrellas de Hollywood, los hombres más importantes de la mafia norteamericana decidieron que Latinoamérica sería el nuevo territorio para desplegar su poder. La enviada a culminar el plan sería Virginia Hill.

Virginia Hill nació el 26 de agosto de 1916, en el pueblo de Lipscomb de Alabama, en una familia de 10 hijos. Siendo niña, Virginia amenazó a su padre abusador de que lo mataría si volvía a golpear a su madre. El padre se fue de la casa y años más tarde, su madre también la abandonó para cuidar a sus otros hijos. Sola, Virginia se mudó a Chicago donde trabajó como mesera en el restaurante favorito de Al Capone y sus socios. Su belleza cautivó a todos los miembros de esa familia. Años más tarde Virginia se convirtió en apostadora profesional, experta en lavado de dinero y mensajera entre las dos grandes “familias”: La de Al Capone y la de Lucky Luciano. La llamaban La Reina de la Mafia.

A finales de la década de los años 30 Joe Epstein, el temido gangster de la mafia italiana, mandaba a Virginia Hill a México con dinero para que los funcionarios dejaran pasar la droga. Fue en esos años que conoció a Bugsy Siegel, su gran amor. Pero su vida corrió peligro cuando se corrió el rumor de que Siegel y Virginia desviaban dinero de la mafia para la construcción del Hotel Flamingo, a cuentas personales. Virginia se peleó con Siegel y se fue a Paris. Cuatro días más tarde Siegel fue asesinado en su casa. Cuando Virginia se enteró, intentó suicidarse pero sobrevivió. Desesperada viajó a Sicilia a ver a Luciano y pedirle el perdón de su vida. Luciano la perdonó pero le dio una nueva tarea: era 1946, habían decidido hacer crecer su red de crimen organizado en México y ella sería la encargada de hacerlo.

Meyer Lansky, le asignó a Virginia Hill una partida especial de dinero ya que estaba edificando alianzas con ricos empresarios que realizarían grandes inversiones en los nuevos proyectos de casinos. El 20 de julio de 1948 Virginia llegó a México con su maleta llena de dinero a hospedarse en el Hotel Reforma de DF. Virginia comenzó a organizar fiestas para tejer las redes de contactos. Al poco tiempo, estableció la red de narcotráfico y corrupción más importante de Latinoamérica.

El Bar Ciros, en donde tocaban las mejores orquestas traídas de Los Ángeles, era el centro nocturno más concurrido por las élites de la capital mexicana. Desde su inauguración asistían cotidianamente políticos, artistas, banqueros y periodistas, así como una gran cantidad de personajes extranjeros. En El Ciros era posible encontrarse a Rita Hayworth, Orson Welles, Kirk Douglas, que se entremezclaban con Agustín Lara, Diego Rivera y Frida Kahlo. Desde su llegada al Hotel Reforma, Virginia Hill se convirtió en otra atracción más del Ciros.

Virginia volvió a contactar a su viejo amigo y amante el militar mexicano Amezcua que ahora le abría la puerta a Los Pinos, la residencia del presidente. El piloto veracruzano Luis Amezcua, ya había ascendido a capitán y formaba parte del Estado Mayor del Presidente. El capitán Amezcua, el empresario Blumenthal y el coronel Carlos Serrano (titual de la Dirección Federal de Seguridad) formaron junto a Virginia la red que abastecería de drogas a la Cosa Nostra americana.

Fueron las crónicas de un novato reportero mexicano las que llamaron la atención de los directores del FBI en Estados Unidos.

A finales de 1948 Virginia Hill es arrestada por una célula del FBI. Cuando la detienen, Virginia Hill dijo: “Estas son mis últimas palabras para ustedes. Estoy cansada de su maldita persecución. Deseo con todo el corazón no volver a poner los pies en su llamado "mundo libre". Ustedes saben bien como yo que no les debo nada. Si acaso, ustedes me deben algo. Y si todavía buscan gángsters, por qué no empiezan desde lo alto de la Casa Blanca hacia abajo. Pónganlos a todos ellos en la cárcel y este mundo estará mejor. Así que pueden irse al infierno ustedes y todo el gobierno de los Estados Unidos.”

Virginia Hill logró no quedar presa y se fue a Europa a pasar los últimos años de su vida. El emporio del crimen organizado en Latinoamérica quedaría en las manos de Meyer Lansky.