Nombre oficial
Inglaterra (nación integrada al Reino Unido)
Gentilicio
ingleses (erróneamente, se los designa británicos, que corresponde al conjunto formado por ingleses, galeses, escoceses e irlandeses del norte)
Capital:
Londres
Idioma Oficial
inglés
Población
61.284.806 (est. 2010)
Presidente
David Cameron
Prefijo Internacional
0044
Zona horaria
UTC + 0
Moneda
Libra esterlina
Otros grandes Centros Urbanos
Birmingham, Bristol, Cambridge, Cardiff, Edimburgo, Glasgow, Liverpool, Manchester, Oxford, Portsmouth y Southhampton.
Superficie
244.820 Km2 (total con territorios de ultramar, algunos de los cuales son reclamados como propios por otros estados)
Geografía y clima
la presencia de la corriente del Golfo le dan un clima oceánico templado
Economía
es la sexta economía del planeta.
Qué ropa usar
sobretodo y bufanda
Tips
Fechas nacionales: 21 de abril
Sitios imprescindibles
Londres, Avebury, Manchester, Yorkshire


 
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HISTORIA
Inglaterra (nación integrada al Reino Unido):
INGLATERRA: BREVE HISTORIA DE UN REINO UNIDO
Inglaterra (nación integrada al Reino Unido) - HISTORIA

Su territorio fue testigo de violentas luchas entre muy distintas culturas, que con el pasar del tiempo, fueron conformando una sociedad compleja y muy avanzada. Indiscutido líder europeo y potencia mundial durante siglos, expandió su área de influencia hasta en los más remotos rincones del mundo. Centro del nacimiento del capitalismo moderno y jugador fundamental en las dos guerras mundiales contemporáneas, Inglaterra arrastra una apasionante y casi inabarcable historia.

Los estudios históricos han determinado que los primeros habitantes que pasaron por la isla - que hoy se conoce como Inglaterra- llegaron en el año 4.000 AC. Más adelante, en el siglo V A.C, arribaron los celtas provenientes desde Europa central y ocuparon la región sur de la isla. Siglos después, en el año 43 AC y durante el apogeo del Imperio Romano, milicias romanas ocuparon la porción sur y centro de la isla, estableciendo una frontera militarizada como separación con las tribus mas aguerridas del norte que resistieron el avance extranjero. En su etapa expansiva y con su afán de conquista, los romanos influyeron profundamente sobre los celtas, a quienes transmitieron gran parte de su bagaje cultural, modos de organización y costumbres.
En el año 410, el Imperio Romano se retiró de la isla que, para ese momento, comenzaba a ser objeto de las incursiones de pueblos bárbaros sajones, normandos y jutos. Los celtas romanizados fueron desplazándose hacia el sur, al tiempo que comenzaba a expandirse el cristianismo entre los viejos y nuevos habitantes. Con el tiempo, las comunidades se fueron integrando en torno a los feudos bardos nacidos en las distintas regiones.
En el siglo IX, la constante agresión de los vikingos favoreció la unión de los feudos y la formación de una identidad política entre ellos. Largas luchas intestinas dieron como resultado la primacía a los sajones sobre las razas celtas y los restos que aún sobrevivían del Imperio Romano.
Luego de siglos de enfrentamientos, el ímpetu vikingo fue cediendo. En 1066, el duque de Normandía, descendiente de los vikingos asentados en el norte de Francia unos siglos antes, desembarcó en Inglaterra y conquistó su territorio tras derrotar al monarca sajón Haroldo de Wessex en la batalla de Hastings. Se proclamó rey con el título de Guillermo I de Inglaterra y reemplazó a los nobles locales por normandos franceses.
En 1189, Ricardo “Corazón de León” asumió el reinado de Inglaterra y poco tiempo después debió partir hacia Tierra Santa en la Tercera Cruzada, que terminó en fracaso. De regreso a Inglaterra, Ricardo fue capturado por el duque de Austria y entregado al emperador alemán Enrique IV. En 1194 logró la liberación tras pagar un alto rescate. Volvió a su Inglaterra y sometió a su hermano Juan Sin Tierra (posterior rey) quien -durante su ausencia- había estado conspirando con Felipe para usurpar el trono inglés, pero su ineptitud lo llevó a perder los territorios del norte de Francia. La derrota condujo a una rebelión de los nobles en 1215, que lo obligaron a aceptar una Constitución que repartía el poder con los estamentos medios de la monarquía a cambio de mantenerse en el trono. La puja de los sectores medios y bajos de la nobleza continuaría bajo el reinado de Enrique III, que también se vio obligado a otorgar concesiones y compartir su poder con un parlamento. El intento de Enrique III de someter a los nobles con ayuda del Papa, condujo a una guerra civil en Inglaterra. Enrique III fue hecho prisionero por los rebeldes liderados por Simón de Monfort en 1264. El gobierno surgido de la rebelión duró hasta 1265, cuando Monfort fue ejecutado y Enrique III repuesto en el trono.
Una disputa por la corona de Francia entre Eduardo III de Inglaterra y Felipe de Balois, candidato de los nobles franceses, condujo a la guerra de los Cien Años desatada en 1337. La guerra fue en realidad un conflicto crónico interrumpido en Inglaterra por intrigas palaciegas, guerras por la sucesión del trono, la peste negra que asoló al país 1348 y una violenta rebelión campesina en 1381.
Pese a que los ingleses habían logrado dominar una parte importante de Francia, los galos lograron reponerse bajo la inspiración de Juana de Arco e imponerse sobre sus adversarios. Gracias a esa contraofensiva, lograron que Carlos VII fuera coronado rey de Francia. Finalmente, en 1453 los franceses completaron la reconquista de sus territorios.
La guerra de Las Rosas, librada entre 1455 y 1487 entre las casa de Lancaster y York por la sucesión del trono, llevó al debilitamiento de la nobleza inglesa y al surgimiento de la burguesía como actor político relevante.
En 1534, airado porque el Vaticano se negaba a anular uno de sus frecuentes matrimonios, Enrique VIII creó la iglesia anglicana como entidad católica regida por el estado y con el rey como autoridad máxima. Con el ascenso al trono de María I en 1554, la iglesia volvió a ser vaticana. Sin embargo, con la muerte de la monarca en 1558, se volvió al anglicanismo y de forma definitiva.
En 1642, tras la muerte de la reina Isabel I, asume el trono inglés Jacobo I de Escocia. Por derecho de herencia se proclama soberano de Inglaterra, Gales y Escocia. El autoritarismo del monarca condujo a tres guerras civiles entre partidarios del rey y del parlamento. La primera transcurrió entre 1642 y 1645 y tuvo en Oliver Cromwell al líder mas celebre de los parlamentaristas. La segunda fase se inició en 1648 cuando el rey Carlos I se alió a los escoceses para atacar a los parlamentaristas. Las tropas de Cromwell fueron derrotadas, Carlos I fue decapitado y poco tiempo después se declaró la república inglesa. En 1649 estalló la tercera guerra civil entre los republicanos y los monárquicos que resistían en Irlanda y Escocia. Cromwell volvió a vencer y en los años siguientes se dedicó a centralizar el poder. La república inició un periodo de modernización de las costumbres y de tolerancia religiosa, que se vio ensombrecido por el autoritarismo de Cromwell. Tras su muerte, en 1660 el Parlamento nombró rey de Inglaterra a Carlos II.
Mientras tanto, la monarquía lanzó una activa campaña de exploración y conquista de territorios en América del Norte, Asia, Oceanía y África, que llevó a la construcción del imperio más poderoso de su tiempo. Paralelamente, la Revolución Industrial iniciada en el siglo XVIII en Inglaterra le dio un impulso fenomenal a su economía y fortaleció su poderío militar y político. Su papel crucial en la derrota del imperio napoleónico sacó del paso a sus principales competidores en los mercados externos.
En 1707, Inglaterra y Gales se unieron a Escocia para formar el Reino de Gran Bretaña mediante el Acta de la unión. En 1800, Irlanda se sumaría al Reino Unido, aunque informalmente era un dominio de la corona desde que fuera militarmente ocupado en 1691. El esplendor logrado por el Imperio británico, dueño de numerosas posesiones en todo el mundo, poseedora de una fuerza militar sin rivales y con un control de la mayor parte de los mercados, se extendió hasta 1914.
 

LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

Las tensiones con Alemania, que comenzaba a perfilarse como una potencia europea con crecientes intereses coloniales, condujeron a una inevitable confrontación. La muerte del heredero de la corona austrohúngara en Sarajevo en 1914, activó el sistema de alianzas que llevó al Reino Unido a aliarse con Francia y Rusia para enfrentar a los alemanes y austriacos. La Primera Guerra Mundial finalizó con una victoria del bando que integraba Inglaterra. Pero el costo del triunfo fue desproporcionado: 900.000 soldados británicos murieron en el campo de batalla y el país emergió de la guerra profundamente endeudado. La anexión de las colonias otomanas y alemanas fue un aliciente que apenas logró compensar las pérdidas.
Por otra parte, durante la guerra los católicos irlandeses habían lanzado una rebelión independentista, que si bien fue reprimida duramente, obligó a aceptar en 1922 la partición de la isla y la independencia del centro y el sur. A partir de 1927, el país cambió su denominación a Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. El norte irlandés, dividido entre católicos y protestantes, sería una fuente de problemas constantes para el Reino Unido por la preferencia del reino hacia los protestantes y la rebeldía de los católicos.
 

FIN DE LA PRIMERA, SE AVECINA LA SEGUNDA

El tratado de Versalles -que dio fin a la Primera Guerra Mundial-, en lugar de solucionar los causales de la guerra, los agudizó al imponer duras imposiciones a los derrotados. La Gran Depresión de los años 30 profundizó la crisis británica y mostró su retroceso frente a otras potencias de la época. Cuando el régimen nazi comenzó a amenazar a sus vecinos y anexó a Austria y Checoslovaquia, el gobierno de Neville Chamberlain se mostró tibio y complaciente con Alemania. El no haber contenido a Adolfo Hitler demostró ser un error estratégico cuando en septiembre de 1945 los nazis invadieron Polonia e iniciaron un arrollador avance invasor sobre Francia, Bélgica, los Países Bajos y el resto de Europa occidental a excepción de España, Portugal y algunos estados menores. En 1941, Alemania invadió a Rusia y sus aliados japoneses avanzaron sobre las posesiones británicas en Asia y Oceanía. La Italia fascista se sumó al martirio británico con al ataque a las posesiones mediterráneas de esa nación.
Tras la derrota de Francia y con los soviéticos en constante retroceso, Inglaterra se vio sometida a un feroz aislamiento. Las bombas arrojadas por los aviones nazis causaron importantes daños en las ciudades y centros industriales, además de cientos de miles de bajas en la población civil. El liderazgo del Primer Ministro Winston Churchill, sucesor de Chamberlain, fue crucial para que la nación resistiera la embestida alemana. No fue menor el aporte de los pilotos de la Royal Air Force, que en inferioridad de condiciones derrotaron a la poderosa Luftwaffe nazi.
La asistencia de los Estados Unidos fue crucial para que el Reino Unido resistiera la ofensiva nazi. Inmensas cantidades de pertrechos y alimentos sostuvieron a Londres. Cuando EEUU ingresó en la guerra en 1941 volcó la victoria para el bando aliado y en mayo de 1945 se rindieron las últimas unidades alemanas. En agosto, los japoneses hicieron lo propio.
Los acuerdos entre las cuatro potencias principales aliadas (EEUU, URSS, Francia y el Reino Unido) previeron el reparto del mundo en zonas de influencia durante la posguerra. La inmensa destrucción provocada por la guerra, las deudas contraídas con EEUU y el crecimiento estratégico norteamericano mostró que el tiempo del Reino Unido como principal potencia del mundo había quedado atrás. La crisis económica que atravesó el Reino Unido, se sumó al proceso de independencia de las colonias, que en un lento pero imparable goteo fueron alejándose del imperio. Las tropas de la colonia intentaron frenar la rebelión en las colonias, pero primó finalmente la idea de aceptar la emancipación de los territorios en un proceso que garantizase que los lazos políticos y económicos con estos territorios fueran preservados.
 

LA TERCERA: LA GUERRA FRÍA

Al desatarse la Guerra Fría, el Reino Unido formó parte de la alianza occidental. Unió sus zonas de influencia con Francia y los Estados Unidos para enfrentar a los soviéticos como un bloque monolítico liderado por Washington. En 1956, cuando aliado con Francia e Israel invadió Egipto tras la nacionalización del Canal de Suez, Estados Unidos ordenó a sus aliados la retirada inmediata. Humillada y expuesta en su debilidad, Londres aceptó un rol secundario dentro de la alianza occidental. Aun así, desarrolló una fuerza nuclear independiente e intentó sostener una fuerza militar de alcance global.
Desde 1960 en adelante, el Reino Unido intentó reconstruir su economía y adaptarse a los nuevos tiempos. En Irlanda del Norte, los terroristas irlandeses del IRA lanzaron una agresiva campaña de ataques que llevó la violencia a las puertas mismas del gobierno británico. En 1979, asumió como Primer Ministro la conservadora Margaret Tatcher. Decidida a revertir la decadencia británica, Tatcher lanzó un duro programa de ajuste para racionalizar el gasto del Estado, que agudizó las tensiones sociales y elevó el índice de desempleo a niveles record.
El 2 de abril de 1982, Argentina ocupó militarmente las Islas Malvinas, archipiélago que reclamaba desde 1833 y que era defendido por una pequeña guarnición británica. El gobierno británico organizó la mayor fuerza naval desde la Segunda Guerra Mundial. Con asistencia militar y diplomática norteamericana, los británicos retomaron las Malvinas tras 74 días de combate.
El triunfo en Malvinas revitalizó el orgullo británico y revirtió las políticas de disminución de sus fuerzas armadas. Pero además, le dio a Margaret Tatcher un gran prestigio que le permitió profundizar las reformas económicas y sociales.
En 1991, el Reino Unido fue el principal aliado de los EEUU en la guerra de liberación de Kuwait contra las fuerzas iraquíes. Participó nuevamente en las invasiones de Irak y Afganistán en 2001, campañas que demostraron su intención de convertirse nuevamente en un actor importante del escenario internacional. El conflicto de Irlanda del Norte, que causaba un importante desprestigio, además de numerosas muertes entre civiles y tropas británicas, se canalizó hacia negociaciones políticas y en la actualidad los irlandeses del IRA han anunciado su decisión de abandonar la lucha armada.
La alianza contra el terrorismo global, ha expuesto al Reino Unido a los atentados del 7 de julio de 2005, fecha en que un grupo fundamentalista islámico hizo estallar cuatro bombas en Londres y provocó la muerte de 50 personas.
El Reino Unido ingresó en la Comunidad Económica Europea en 1973 y en la Unión Europea en 1992. Pese a algunas resistencias de los sectores más reticentes a la integración, el gobierno británico ha avanzado en la consolidación de la identidad europea.
 

Inglaterra: breve historia de un Reino Unido”

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